La pérdida súbita y transitoria de la visión es uno de esos episodios que, por breves que sean, generan una inquietud inmediata. Popularmente conocida como ceguera momentánea, se trata de un fenómeno que puede durar desde unos segundos hasta varios minutos y cuya causa exacta puede variar desde situaciones benignas hasta verdaderas emergencias médicas. Comprender su origen y saber cuándo actuar resulta esencial para evitar complicaciones y proteger la salud ocular y neurológica.
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Cuando llega el invierno y las temperaturas descienden, muchas personas comienzan a notar lesiones dolorosas, rojizas o violáceas en dedos de manos y pies. Son los conocidos sabañones o perniosis, una reacción inflamatoria de los vasos sanguíneos pequeños frente a la exposición repetida al frío y la humedad. Aunque suele considerarse un problema menor, su impacto en el bienestar es significativo, especialmente en personas con mala circulación o patologías asociadas.
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Cada invierno trae consigo el mismo reto: mantener a raya los virus y las infecciones. Pero más allá de los abrigos y las bufandas, la verdadera protección empieza dentro del cuerpo. El sistema inmunitario es una red sofisticada de órganos, células y sustancias químicas que trabajan día y noche para mantenernos sanos. En los meses fríos, cuando el sol escasea y los contagios aumentan, esa red necesita refuerzos.
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El otoño es una estación de transición en la que la piel acusa el cansancio del verano: exceso de sol, cloro, viento y cambios bruscos de temperatura. Al llegar el invierno, esa fatiga se hace visible. El rostro pierde luminosidad, aparecen manchas, la textura se vuelve irregular y la piel se muestra apagada o sin vida.
Pero hay buenas noticias: con un plan médico-estético adecuado, es posible recuperar la luz natural del rostro y prepararlo para el frío sin perder vitalidad.
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Con la llegada del invierno, el aire frío, la humedad y los cambios bruscos de temperatura ponen a prueba nuestro sistema respiratorio. Los virus estacionales, la contaminación y los ambientes cerrados favorecen las infecciones, y el papel de la enfermería se vuelve esencial para prevenir complicaciones y acompañar a los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas.
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